Desde muy pequeña, cuando el abuelo enviudó, Nati, pasaba con él los fines de semana para hacerle compañía y así sus padres dispondrían de tiempo libre para salir por ahí sin límites en los horarios.
Al abuelo Pepe, le encantaba la compañía de su nieta, con la que tenía mucha confianza, hasta tal punto que desde muy niña, se bañaban juntos, pero la niña, ya era casi una mujercita de 12 años y, aunque bajita prometía un cuerpo lindo, muy delgado que, junto a su larga melena lisa y sus ojos azules, le daban un aspecto aniñado y angelical. Ese fin de semana, como de costumbre, llegó la muchacha, alegre y risueña pero ignorante que esos días serían diferentes y muy especiales.