Cuando yo tenía ocho años mi padre abandonó a mi madre dejándola con cuatro hijos; Dos chicos y dos niñas.
La situación obligó a mi madre a dividir la familia, y aceptó la oferta de unos parientes que vivían bastante lejos y ellos tomaron la responsabilidad de criar a mis dos hermanos varones...
Quedamos pues con mi madre mi hermana mayor y yo...
Maria, mi hermana, a los catorce años ya empezó a trabajar en un taller de costura, yo tenía entonces nueve. Mas tarde dejó el colegio porque mi madre enfermó y, a partir de ahí, sólo durante algunos periodos, gozó de suficiente salud para trabajar...
Aun con todo, entre ella y Maria, pudieron darme, durante mi infancia, todo aquello que necesité, y no recuerdo haber echado de menos a un padre...
Pero mi madre fue una mujer amargada, alguien sin suerte que se obsesionó, en todo el sentido que esta palabra tiene, por que sus hijas fuesen un modelo de perfección, porque, como ella decía; con las cartas tan malas que nos había dado la vida, la única posibilidad de salir adelante estaba en nuestra calidad humana y en nuestra educación...
