Pedro se encontraba en aparador de un centro comercial viendo algo de ropa, algunos trajes, cosas para el trabajo; de pronto una mano le toca el hombro y él voltea creyendo que se trata de su mujer que estaba dentro de otra de las tiendas especializadas en ropa de mujer. Se queda perplejo al ver delante de sí a un hombre que por unos instantes y debido a sus cavilaciones no reconoció.
– ¿Pedro? ¿Cómo estás? Hace cuanto tiempo…
– Hola – contesta secamente Pedro, aún dudando y de pronto – ¿Juan…? ¡Oye, cuanto tiempo, vaya casualidad! – por fin dice reconociendo a su amigo Juan, al que hace un par de años no veía.
– ¿Qué tal? ¿Cómo te ha ido? Ya ha pasado mucho tiempo desde la última vez… ¿Estas de compras con la familia?
– Si, por ahí, deben de andar, ya sabes como se tardan.
– Lo mismo me pasa… Oye, porque no nos vemos otro día, te dejó mi tarjeta y nos ponemos de acuerdo ¿Qué te parece?
– Si está bien, te llamó en la semana ¡De veras, que gusto verte!
– Okay, espero tu llamada, no dejes de hacerlo… – dijo Juan encaminándose hasta la entrada de una tienda en donde una mujer le estaba haciendo señas.
– Si, te llamaré, nos vemos. – se despidió Pedro de su amigo.