El confinamiento por el virus nos pilló a mi madre y a mi solos en casa, mis dos hermanos y mi padre estaban en la casa de la playa y allí se tuvieron que quedar el largo mes que duró la pesadilla.
¿Pesadilla he dicho? Como veréis a continuación hasta de los hechos más terribles pueden surgir situaciones de lo más placenteras.
Me presento, soy Javi un adolescente de 18 años más salido que el pico de una mesa y más caliente que una plancha y cuya mayor satisfacción es hacerse como mínimo una paja al día, cualquier nimiedad me pone a cien. Una mujer con falda por la calle con un culo respingón, un roce en el metro, unas tetas debajo de un jersey ajustado, una amiga de mi madre que se agacha y deja ver más de lo debido. Cualquier excusa es buena ara hacerse una buena paja.
Por otro lado está mi madre, Pilar, un ama de casa normal, no muy alta, algo regordeta y con algo que iba a descubrir durante el encierro, un buen par de tetas, algo caídas después de dar de mamar a sus tres hijos, pero grandes, como a mí me gustan.
Debo de decir que nunca me había fijado en ella, tenía otras modelos para mis pajas diarias, como la vecina del tercero que me volvía loco con las falditas que llevaba, cuantas veces me había quedado viendo como subía las escaleras y dejaba entrever sus bragas para acudir rápido al servicio a aliviarme.
Procuraba masturba e cuando estaba solo en casa, para tener más libertad y poder recrear diálogos con la mujer follada en mis fantasías, pero esto con el confinamiento iba a cambiar y no solo eso, me iba a empezar a fijar en la mujer con la que iba a tener que estar más de un mes en treinta metros cuadrados, mi madre.
Empecemos con la historia.
