Esto fue algo que me ocurrió cunado enseñaba en colegios. Había una chica repitente en grado sexto, de unos 12 años pasaditos. Se llamaba Fabiana. Estaba que se comía sola. Era de esas féminas que, la tienes cerquita y se te para la verga instantáneamente. Pero eso no pasa porque seas un pervertido o seas como un animal. Eso es lo que te quieren hacer creer. Es porque hay chicas que producen más feromonas que otras y hay chicas cuyas feromonas te enloquecen específicamente a ti. El aroma de su piel y su cabello, su sudor y el aroma de su vello púbico llegan a tu olfato y te descontrolan. NO es algo consciente. No es un aroma que puedas identificar y diferenciar de otro. Lo único que sabes es que esa chica te gusta y quisieras tirártele encima, chuparle todos los orificios, restregarte su larga cabellera en tu cara, darle banana y ¿por qué no? Embarazarla. Con práctica, puedes evitar la erección pero no la lubricación ni el palpitar de la próstata. Sientes una bomba detrás del falo y encima de las bolas y se mueve. Es que estás fabricando esperma, solo porque ella está por ahí. Estás produciendo semen para ella.
Fabiana empezó a gustarme desde que la vi, y era repitente de curso precisamente porque era muy vaga y problemática. Era confianzuda y coqueta. Le gustaba, entre otras cosas ir a desorganizar mi curso entre clases. Pero a mí no me molestaba, pues me encantaba tenerla cerca. Sobre todo cuando yo no tenía estudiantes, porque ella se me sentaba al pie a ver qué hacía yo y a ‘chismosear’ las calificaciones de los niños de mi curso. Imagínense ustedes siendo profesores de bachillerato y que una despampanante ninfa de casi 13 años se les siente pegadita al pie en un salón a solas. Cómo se sienten sus caderas y sus piernas pegadas a ti y el aroma de su perfume y su uniforme de diario impregnado de sí misma. Se te olvida que eres docente y que hay cosas correctas e incorrectas.
