CAPÍTULO 1 Año 1990, en un pequeño pueblecito del Pirineo Aragonés
Se celebra la boda de Isabel y Pedro. Ella, hija del panadero del pueblo, se ha quedado embarazada con apenas 18 años, aquello fue una conmoción en la familia. Sus padres muy tradicionales y también condicionados por el entorno social del pequeño pueblo decidieron que lo mejor era casarla. Hablaron con Pedro, el novio de la chica y padre de la criatura que aceptó su responsabilidad, la boda se concertó para el mes siguiente.
Isabel era hija única y no tenía más familia que sus padres. Su novio Pedro de 25 años era el menor de dos hermanos, Antonio el mayor ya tenía 37, casado desde hacía más de diez años con Solé tenían un hijo, Jorge. Ahora por fin su mujer estaba embarazada por segunda vez de una hija. Los dos hermanos iban a ser padres casi al mismo tiempo a pesar de llevarse más de 12 años.
Huérfanos de padres y sin más familia que la mujer del hermano mayor, vivían en el caserón heredado de sus padres a 20 kilómetros del pueblo de Isabel. Allí, en una gran propiedad en plenas montañas vivían de su explotación ganadera, grandes rebaños de ovejas y unas treinta vacas. Durante generaciones su familia había dado trabajo como pastores a muchos hombres de la zona, en aquellos momentos tan solo seis pastores trabajaban para los dos hermanos. La gente había emigrado de los pueblos a la capital y se estaban quedando desiertos.
