Sé que soy culpable de incesto. Pero no puedo negar que caí tan lentamente que no me di cuenta de lo malo que hacía.
Tengo 41 años, soy una mujer que ha tenido que luchar muy duro para ganarse las cosas que posee: mi casa, mi auto, etc. Y, sin embargo no me ha ido muy bien que digamos, en el campo amoroso. Soy empleada pública, trabajo en una entidad del gobierno central de mi país desde hace 22 años. Por mi trabajo visto siempre muy elegante, con mi uniforme del Ministerio; en mi tiempo libre igual. Pero eso es porque desde niña me acostumbré a ser "bonita", mis padres así me enseñaron a ser, no porque tenga mucho dinero y me guste aparentar lo que no soy.
En fin, aunque busqué siempre hombres sencillos para relacionarme con ellos seriamente, ellos como que se impresionaban de verme "tan aristocrática" y elegante y como que les daba miedo hablarme y pretenderme.
Terminé enrolándome con un hombre de gran reputación del Ministerio, pero que estaba casado. Así tuve a mi hijo Mario. Ese hombre que tanto amé, murió cuando Mario tenía 11 años. Y así terminó la única relación estable de mi vida. Quedé destrozada. Pero con el tiempo sanó la herida.
Mario es un muchacho que ahora tiene 15 años, le encanta el deporte, juega
futbol, es buen nadador y tiene notas excelentes en el Colegio. Se parece mucho a su padre. Mi problema es difícil de contar, pero alguien lo tiene que saber. El no poder hablar con nadie de esto me está volviendo loca: Mario y yo hemos tenido sexo.
