Cuando estábamos descansando, la conversación tocó aspectos sentimentales, yo le agradecí todo lo que hacía por mi madre y especialmente por mi. Recuerdo que el me tomó de la mano y delicadamente me jaló para abrazarme, casi al mismo tiempo volteamos nuestros rostros y nuestros labios quedaron a centímetros, no fue difícil que termináramos juntándolos, sus labios se frotaron con los míos, sentí una corriente eléctrica y una sensación de tranquilidad, luego nuestras lenguas entraron en batalla.
Mientras me besaba, una de mis manos bajó a sus pantalones, estaba empalmado!, abrí su cierre y metí mi mano, -ohh que verga tan gruesa!- pensé, estaba durísima y erecta, la masajee y mi padrastro se comenzó a excitar, quería devorarme mi boquita. Luego le saqué su vergota fuera del pantalón y seguí pajeándolo, luego atrevidamente baje mi boca a su polla y le di varios besitos húmedos.
Al ver que cerró los ojos degustándolo, me metí su polla en la boca y la mamé como si fuera un chupete, Rodolfo jadeaba y tiró su cabeza hacia el respaldo, yo estaba entre sus piernas chupando su tolete. Ese pedazo de carne estaba duro y palpitando en mi boca, algunas gotas de semen salieron por la punta de su polla, lo digo porque sentí lo salado cuando las tragué. Le estuve mamando su verga unos diez minutos, al cabo del cual mi padrastro se vino si avisar, los primeros chorros cayeron en mis mejillas y labios y los siguientes los puse en mi garganta. No era la primera vez que probaba semen de hombre, pero era la primera vez que lo hacia sin ningún asco.
Luego de eso, nos arreglamos allí metidos en el auto y Rodolfo me prestó su pañuelo para quitarme su esperma de la cara. A partir de allí nuestra vida cambió. Ya no nos veíamos con los mismos ojos, ahora existía un morbo entre ambos.
