Lo siguiente sucedió cuando mi hermano Carmelo me invito a seguir mis estudios de preparatoria en la ciudad donde radica, en el centro de la república.
Mi madre aceptó después de mucho insistirle mi hermano, y terminó accediendo poco convencida de que me fuera de casa a vivir con mi hermano. Carmelo en ese entonces con 38 años, robusto sin ser obeso, de profesión abogado, ganaba bien en su despacho , casado con mi cuñada Lucrecia de 28 años, de estatura mediana, delgada de tez blanca, bonita cara con lentes graduados que le da un toque de mujer intelectual, pelo ensortijado casi rubio le llega a los hombros, de senos medianos y firmes, bonitas piernas estilizadas, lo mejor de su cuerpo son sus caderas anchas, con unas nalgas bien puestas, ligeramente respingonas, lo que la hace tener un cuerpo sensual, aunque generalmente viste de forma recatada, con faldas y vestidos un poco arriba de la rodilla, con poco escote, en general es guapa mi cuñada, sobre todo cuando ocasionalmente usa unos jeans blancos ajustados, que hace que se le vean sus caderas y nalgas bien delineadas y muy llamativas, cuando vestía así, siempre le decía que se veía muy bien con esos jeans, que debería usarlos más seguido, solo sonreía complacida, ella terminó una carrera de administración que no ejerció porque mi hermano gana lo suficiente en su despacho, por lo que mi cuñada Lulú como le decimos de cariño, se encarga de las labores hogareñas, las cuales las dirige en forma impecable como toda buena ama de casa, tienen una bonita casa de 3 recámaras, la grande matrimonial de ellos, a un lado la de su pequeña hija de 5 añitos y enfrente otra que me asignaron.
