Fue en una noche de sábado. Lucia ya había cumplido los diez años y aunque su cuerpo aun era de niña, su mente era demasiado despierta para su edad, tenia la inteligencia y la curiosidad que ahora parece tan natural en casi todos los niños, se llevaba muy bien con su mama y con su tío, y siempre les hacia infinidad de preguntas que ellos trataban de contestar siempre con la verdad y procurando que no obtuviera mas información de la que según ellos se requería para una niña de diez años. Pero a veces sentían que la inteligencia de ella los rebasaba y no sabían que contestar a determinadas preguntas.
En la cuestión de sus relaciones sexuales, Lilia y José siempre habían tenido la prudencia y el cuidado para que la niña no se diera cuenta de nada, y moderaban sus caricias y su lenguaje cuando Lucy se encontraba presente, y según ellos, para ella solo eran dos hermanos que se querían mucho y se trataban con mucha familiaridad, pero era casi imposible el ocultar por completo el amor y la dependencia sexual que sentían el uno por el otro.