Como les dije antes, a los doce, aun seguía manteniendo sexo oral con mi hermano, pero algo ya había empezado a cambiar, o por lo menos si de mi parte. No me gustaba que mi hermano se acercara a otras chicas, por más que fueran amigas que teníamos en común o compañeras de clase, los celos habían comenzado a aparecer en mí porque yo ya no veía a mi hermano solo como eso, yo más bien era de “mi propiedad”.
Nuestra primera vez fue inolvidable para los dos, a él por placer y a mí por dolor. Fue una de las tantas noches que estábamos teniendo sexo oral, pero con la diferencia de que nuestros padres fueron a una fiesta que organizaban en el trabajo. Estaba en mi labor cuando mi hermano de repente paró y me dijo:
