Somos un matrimonio chileno, alrededor de los 40 años, mi marido 42 y yo 37, con una hija preadolescente, y que sin haberlo previsto, nos hemos visto en una situación, que quizás muchos imaginen, pero pocos habrán hecho realidad.
Todo comenzó como en tantas otras familias, que tienen la costumbre de tener a su hija durmiendo en su cama, como frecuentemente les gusta a ellas a esas edades, cuando de pronto, de forma instintiva, le echan mano al pene de su papá que tanto les llama la atención y se quedan fascinadas de ver y sentir como va creciendo en su mano, poniéndose duro, de tal forma que no pueden abarcarlo en su mano.
