Cuando acepte aquel trabajo no era consciente de los riesgos que entrañaba. Debía iniciar el estudio antropológico de una tribu que había sido recientemente descubierta en el centro de África, en una selva virgen. La Universidad en donde daba clases había decidido que era mejor que me tomara esas "vacaciones" para recuperarme de la separación de mi esposa, que había sido muy traumática, quedándome yo con nuestros dos hijos: Pablo y Marta, de 13 y 11 años respectivamente. Yo por entonces tenía 40 años, y estaba de bastante buen ver.
Como solamente íbamos a estar un mes allí, me lleve a los chicos conmigo, para que vivieran una experiencia única en la naturaleza más salvaje. No pude imaginar como de única seria…..Nos instalamos al lado de su campamento. Eran una gente muy reservada, ya que no conocían a los hombres blancos, y se sabía poco de ellos. Vivían en chozas comunales y no parecían peligrosos. Se habían mostrado siempre muy reservados, pero también curiosos por la novedad que aparecía ante ellos. Nosotros éramos cinco personas. Otra antropóloga más mayor que yo, de unos 60 años, los chicos y un nativo y yo.