Era un largo viaje en autobús, pero estaba tan embebida en la idea de ver otra vez de nuevo a mi padre, que apenas preste atención al tiempo. Ya llevamos varias semanas de separación, por cuestiones de trabajo, hoy cumplo veinte años y cinco de ser su amante, su esposa, su mujer, los deseos carnales son muy fuertes. La masturbación es un paliativo, pero mi gran deseo, es entregarme en sus brazos, sentir su cuerpo entre sus brazos, entrar en contacto con su caliente piel, casi puedo sentirlo dentro mi moviéndose al ritmo de mis caderas, siempre que pienso en ello, las piernas me tiemblan y mi cuca se comienza a humedecer.
Juan Carlos mi padre, se reunió conmigo en el terminal de pasajeros. Después de un prolongado y dulce beso de bienvenida, lo mantuve apretado contra mi pecho, alegre de sentir sus labios, brazos, su calor, su incipiente erección.
Tengo una sorpresa para ti. Dentro de un rato vas a recibir un masaje en nuestra casa, en privado.
En mi cara se dibujo, una mueca muy cercana a la decepción, mis pensamientos de pasar varias horas a solas con su compañía, en nuestra cama, haciendo al amor para reponer los días que estuvimos separados y en lugar de ello, había buscado una masajista.
