Siempre habíamos sido cercanos como familia. Papá era ingeniero y trabajaba en una gran compañía y mamá una exitosa conferencista de la universidad. Cómo hijo único recibí siempre todo su amor y afecto. Fue entonces que el desastre golpeo sacudiendo nuestro pequeño mundo. Los médicos diagnosticaron cáncer a mi padre. Le daban solo unos pocos meses de vida. Fueron momentos horribles para nosotros pero, poco a poco, fuimos aceptando lo inevitable.
Cierta noche, después de cenar, mi padre me llamó a su habitación. Yacía en su cama mientras hablábamos. Me habló de sus ambiciones para mi, sabía que no estaría para verlas realizarse. Me dijo que estaba seguro de que alcanzaría todas las metas y me hizo prometerle que cuidaría de mi madre después de que él faltara. No tuve inconveniente en darle mi más solemne palabra.
Papá permaneció en silencio por un tiempo. Repentinamente me preguntó: "¿Dime hijo, crees que tu madre es una mujer atractiva?"
Esa no era una pregunta difícil… "Desde luego papá" le respondí, "Sabes que así es." Papá sonrió y luego pregunto: "¿Crees que es sexy?"
