Eran las 6 de la tarde cuando el profesor de álgebra dijo: "Y esto es todo por hoy, que paséis buen fin de semana". Alicia y Eva como de costumbre se dirigieron al aparcamiento, donde Eva tenía su flamante coche nuevo, hablando de los exámenes que les esperaban la próxima semana.
Alicia tenía 22 años, no era el típico ejemplo de chica guapa pero tenía un magnetismo especial que atraía a cualquier persona que se le acercara, más si era del sexo contrario. Sus ojos marrón claro contrastaban con su pelo caoba casi rojizo, y su cuerpo era el de una chica preocupada por su buena forma física, siendo agraciada por la naturaleza con unos pechos firmes y robustos de un tamaño especialmente grandes pero sin llegar a ser exagerados. Como gustaba de llevar un poco de tacón sus nalgas se elevaban dando mayor sensación de altivez. Todo esto iba en consonancia con su carácter abierto y jovial que, si era posible, potenciaba aún más su atractivo.
