Mi hijo Manuel y yo, hemos vivido solos desde hace tres años desde cuando me divorcie, a partir de ese momento me entregue a trabajar de tiempo completo para producir dinero para nosotros, dejando de lado mi vida social.
Hace un mes cuando cumplí cuarenta años, mi hijo me invito a cenar y estando en el restaurante me sorprendió solicitando una botella de vino para acompañar la cena, en principio yo estaba renuente a que lo hiciera por qué hacía mucho tiempo no tomaba licor, pero con un poco de insistencia de parte de él accedí y por supuesto el efecto del licor lo sentí en mi organismo, manifestando de mi parte mucha alegría y desinhibición.
