Querida madre:
Quise escribirte, porque me urge comunicarte la gloria que vivo, pero más que eso, para decirte los enormes deseos que tengo de..., pero esto te lo expongo después.
Te escribo porque estoy confundida, y no sabría cómo contarte mi maravillosa experiencia viéndote a los ojos; sí, sé perfectamente que siempre nos hemos tenido muchísima confianza y un desmesurado amor, que la vida vivida nos hemos contado nuestras cosas, aún aquellas que significaron tanto para ti en vida de papá. Sin embargo, prefiero, por el momento, este medio; estoy segura, conforme leas me darás la razón y, tal vez en tu respuesta, por el medio que sea, podamos repetir lo que en esta epístola va.
Por principio de cuentas nunca he agradecido tanto que me hayas tenido siendo tú muy joven, en estos venturosos días en que la vida me ha dado lo que nunca esperé tener de la vida. Lo digo porque, pienso, de otra manera la extrema y profunda comunicación que mantenemos, no se hubiera dado siendo tú más añosa al tenerme. Así mismo, siguiendo tu ejemplo, jamás he tenido temores ni reservas para ejercer mi sexualidad, para contarte de mis experiencia sexuales, cosa que tú también has hecho, y ambas con lujo de detalles nos hemos relatado eso, nuestras vivencias sexuales.
No sé si también por seguir tu ejemplo, me embaracé apenas cumplidos mis 17 primero años. Por eso es que tengo una hermosa chiquilla ya adolescente, bien madura físicamente, creo que también en lo emocional, no solo creo, estoy segura de esto último. Así que somos una mamá y una abuela bastante jóvenes, ¿estás de acuerdo?.