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miércoles, 25 de noviembre de 2020

Un Incesto Diferente


Parte 1

Nací y crecí dentro de una familia formada principalmente por mujeres, perdón se me olvido presentarme mi nombre es Cecilia, vivo con mi familia en Navojoa, Sonora, un lugar de la provincia mexicana.. Entre los dos me han inculcado una rígida educación moral, lo cual obviamente ha influido en mi forma de ser. Tengo 14 años y me considero toda una mujer, al contemplarme desnuda en el espejo observo mi cuerpo, y veo que se ha desarrollado completamente. Mis pechos y mis caderas han alcanzado ya el volumen de los de mi madre, que a pesar de los sencillos vestidos que usa, lucen exuberantes y frondosos. Nunca la he visto desnuda, aunque recuerdo que una vez, cuando era pequeña la sorprendí en su cuarto mientras se vestía, mi papá estaba a su lado, observándola absorto. Mi indiscreción provocó fuertes regaños y castigos; Quiero aclararles que hasta ese momento era virgen, al menos con los hombres, no vayan a pensar que lo he hecho con un animal, aunque lo imaginé alguna ocasión, cuando una amiga me narró cómo trató de... bueno. Pero, como les decía, soy virgen con los hombres pero me las he ingeniado para tener un compañero infalible cerca de mi todas las noches.

También, a escondidas de mis padres, he conseguido ver en Internet varias paginas porno donde he leído varios relatos en las que algunas lectoras se complacen a sí mismas o sus parejas hombres u otras mujeres les hacen el amor con consoladores o vibradores. De seguro ya lo adivinaron, perdí mi virginidad nada menos que con un trozo de manguera al que le adapté en la punta un tapón de corcho grande y redondo. Un día me llamó mi padre, me quería, como siempre, para que hiciera algo: Traer del pueblo un bulto de alimento para los pollos. Al llegar a la veterinaria y pedir el bulto de alimento vi cómo don Pancho, uno de los vaqueros, cortaba un grueso pedazo de manguera para una señora. Lo enrolló con muchos trabajos para terminar de amarrarlo con un mecate; después de un bote sacó varios tapones de corcho que la señora media hasta que uno le quedó a una botella de boca ancha. Después de pagar el bulto le pregunté a don Pancho si podía darme una muestra de esa manguera para mi padre, porque necesitábamos reemplazar una que se habla agrietado. Cortó un tramo como de treinta centímetros, sentí que las rodillas se me doblaban cuando lo tomé en las manos. Qué cara pondría que don Pancho me preguntó si me sentía bien, le contesté que sí, -es que pareciera que te vas a desmayar niña, has de estar en tus días, igualito se pone mi hija-, -Sí, ha de ser eso señor-, le contesté. Casi salía cuando recordé el tapón de corcho.

jueves, 19 de noviembre de 2020

Descubriendo mas del sexo


Habían pasado casi cuatro meses desde mi primera experiencia sexual con Alex, durante los primeros dos meses después de lo que hicimos seguimos con algunas cosas calientes como que se tomaba fotos desnudo y me las regalaba, yo lo hacia igual, me prestaba su ropa interior y como se imaginaran, le correspondía igual, lamentablemente ya no lo hacíamos por que pocas veces tuvimos la oportunidad de quedarnos en casa otra vez solos, los siguientes dos meses fuimos bajando un poco la intensidad, después de eso paso mas tiempo hasta que cumplí 17 años, después ocurrió lo peor para mi: Alex se fue a estudiar para biólogo marino y se fue a Mazatlán, no volvimos a hacerlo mas por que se vino después una pequeña crisis económica y familiar, lo que provocaba que cada quien anduviera por su lado y nos distanciáramos un poco por varios problemas que surgieron entre todos y ya casi no teníamos la oportunidad de quedarnos solos en casa antes de que se fuera, entonces el comenzó a trabajar allá y casi no venia, nos veíamos pocas veces, y el sexo desapareció poco a poco por un largo tiempo, ni yo misma tenia tiempo de autosatisfacerme ya que conseguí trabajo para poder ayudar a mi familia, ayudando a uno de mis maestros con sus trabajos de la escuela, era un señor algo grande de edad como de unos 50 y tantos, a punto de retirarse, vivía solo con una de sus hijas de dos que tenia según sabia pues se había separado de su esposa años atrás. 

viernes, 13 de noviembre de 2020

Tocata y Fuga


A mis 40 años, mi familia la componían una preciosa hija de 16 y un marido de 42. Éste no había desarrollado ninguna habilidad por el trabajo, es decir, no sabía hacer nada que pudiera considerarse como tal. Así que muy pronto, más o menos cuando nos casamos él sacó la conclusión de que en la vida hay cosas más importantes que trabajar, y desde luego, nunca le conocí ninguna actividad remunerada. Así que yo, como muchas mujeres en Perú, era quien se ocupaba de todo: conseguir dinero, ocuparme de la casa, sacar adelante a la familia. La hostelería y la relación con los turistas siempre se me dio bien. Así que fui progresando hasta empezar a trabajar en un pequeño hotel, en el pequeño pero encantador pueblecito de Máncora. 

La dueña, una limeña, se lo había comprado dos años antes a su anterior propietario, que se había arruinado tontamente. Me contrató porque en Máncora tampoco hay tantas personas para elegir y porque yo trabajaba en un hotelito cercano y tenía experiencia. Al principio trabajaba en la limpieza del hotel y las habitaciones, pero en poco tiempo la dueña me convenció para que me hiciera cargo de toda la limpieza del hotel y del personal encargado de ella. Después también me hice cargo del pequeño restaurante, y por último, también de la recepción. Cuando doña Alicia confió plenamente en mi honradez y entendió que me podía hacer cargo de todo, empezó a ir y venir a Lima. Cada vez pasaba más tiempo en Lima y menos en el hotel. Entonces me hizo una oferta que no pude rechazar: me subía el sueldo casi al doble y nos proporcionaba una pequeña parte del hotel que podíamos convertir en nuestra casa (con lo que mi marido, mi hija y yo nos ahorrábamos el alquiler de la vivienda que ocupábamos) . Era un buen trato para ambas: el hotel daba más que suficiente para pagar mi sueldo y generaba unos beneficios muy interesantes para Doña Alicia.

lunes, 19 de octubre de 2020

Mi madre me enseñó a masturbarme


Capitulo 1

Todo empezó hace cinco años, mas o menos. Había tomado mucho en la cena y me desperté a las dos de la mañana con ganas de hacer pis. Estaba totalmente dormida y sin prender la luz me dirigí al baño, pero un ruido me llamó la atención, venía de la cocina, eran grititos callado, parecía que el que los provocaba, no quería ser escuchado, pero no podía evitar hacerlos. La intriga pudo mas y en lugar de ir al baño fui persiguiendo ese ruido… No sé porque mi corazón empezó a latir fuertemente y no era para menos, Mi madre y su novio estaban en la cocina, totalmente desnudos. No podía creer lo que estaba viendo. Sobre la mesada mi madre estaba acostada con las piernas para arriba, mientras que Gustavo metía la cabeza entre ellas. Pensé mil cosas, menos las que creía que hubiera pensado si me planteaban una situación, hipotética, así.

Hasta ese momento no suponía que alguien pudiera estar lamiendo, oliendo, chupando, tocando, esa parte del cuerpo de una mujer. Sabía que al revés era frecuente, que las mujeres chuparan los penes de los hombres, (Las putas obviamente, no las mamás) pero tampoco imaginaba que los hombres pudieran hacer eso a una mujer y mucho menos a mi madre. Debo aclarar que yo solo tenía 12 años.